La violencia económica también lastima

La violencia económica resulta difícil de identificar porque suele ser invisible, disimulada, sutil, y por lo general, va apareciendo de forma gradual. La abogada geselina Mariana Botana, profundiza en este Día Internacional de la Erradicación de la Violencia contra la Mujer, sobre los aspectos de uno de los tipos de violencia más comunes y de la que menos se habla. «Es importante que empecemos a repensar nuestras relaciones y criemos a nuestras hijas e hijos en la creencia de que ninguno debe resignar su individualidad y libertad por el pedido o exigencia de nadie», aconseja.

Ilustración: Revista Ciudad

Hemos sido educadas bajo premisas que nos hicieron creer que es obligación del hombre proveer y de las mujeres depender y, en el caso de que trabajemos afuera, nuestro trabajo sea visto como una “colaboración” o “ayuda”.  Es fácil así que nuestro trabajo, dentro y fuera de la casa, sea desmerecido y, en definitiva, desconocido como aporte económico.

Por eso, a la hora de la ruptura del vínculo, es común que escuchemos decir que las mujeres les “quitan” parte de su patrimonio a su esposo.

Porque ya el hombre se encargó de que siendo su aporte el único reconocido, todo lo producido por esa pareja, termine bajo su exclusivo poder. Esas mujeres, con buena fe, trabajan dentro y fuera de su casa, aportan al patrimonio y carrera de sus parejas, creyendo que están haciendo lo mejor por su familia, porque en esos parámetros fueron educadas.

La violencia de género no tiene barreras sociales, y tampoco la económica. Quien detenta el poder económico puede habilitar cierto uso de los ingresos a su cónyuge, pero ese uso nunca será con total libertad. Va a hacer uso de esos ingresos en la medida en que se lo permitan y en lo que se lo permitan.  Siempre existe un control marital que asegura que la mujer no pueda tomar decisiones en forma autónoma y libre.

Por ello es importante que empecemos a repensar nuestras relaciones y criemos a nuestras hijas e hijos en la creencia de que nadie debe resignar su individualidad y libertad por el pedido o exigencia de nadie. Ello es lo único que nos permite establecer relaciones en pie de igualdad y pleno ejercicio de nuestra libertad. Que los objetivos a cumplir no son solo los de una de las personas en la pareja, sino lo de los dos, y que ninguna mujer debe postergarse para constituirse en medio para el logro de los objetivos exclusivos de otro.

El Estado, a través de sus poderes, especialmente el judicial, debería proveer a las mujeres formas seguras y rápidas para quitarse de esos ámbitos de violencia. Hoy por hoy existen algunos institutos que ponen un límite a esa violencia, como el embargo de haberes para el caso en que no se pasan alimentos, la atribución del hogar conyugal a la mujer que ha sufrido violencia, la compensación económica, entre otros. Pero ellos aún son insuficientes y los sesgos machistas aún abundan también entre los miembros de las estructuras estatales.

Desde nuestro lugar, como en todos los demás casos de violencia, es esencial no juzgar a la mujer, debemos tratar de que ella pueda traducir a palabras lo que le está pasando, ya que el poder del agresor descansa, entre otras cosas, en el silencio.

Mariana Botana

Abogada

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